sábado, 30 de noviembre de 2019

Artículo sobre el estrés


El estrés desencadena emociones, o las emociones ponen en marcha la reacción del estrés?
Esta pregunta tiene ambas respuestas como verdaderas.
La reacción de alarma, la primera que se pone en marcha frente a una emoción que se produce al ser protagonistas de un hecho que nos conmueve, conforma una de las respuestas,
A la vez emociones intensas sobretodo de signo negativo, perpetúan la reacción del estrés, provocando un daño profundo y a la vez irreparable en algunos casos, a las estructuras tanto físicas como emocionales. 
¿Cómo detener a este enemigo moderno que en ciertas circunstancias se convierte en un asesino sigiloso?
Una vez más tomar conciencia de que la vida, tu vida está por encima de cualquier circunstancia por la cual debas atravesar, es una actitud saludable para contrarrestar los efectos dañinos que el estrés sostenido produce en lo más íntimo de hombres y mujeres.
Asimismo trabajar sobre la concepción de que la vida siempre nos brinda una nueva oportunidad, aún en las circunstancias más dolorosas que podamos enfrentar, alivia la pesada carga de un estrés mantenido durante años y que inevitablemente va a tener un impacto perjudicial en nuestra existencia.
No es que neguemos los problemas, los conflictos, los fracasos y las crisis personales por las que atravesamos los seres humanos. Todos estos escenarios existen, son reales, nos afectan y nos obligan a la vez a establecer estrategias para sobrellevarlos de la mejor manera posible. No existen las recetas universales para controlar la reacción del estrés. 
Su mejor definición es “la percepción que tiene el ser humano del mundo que le rodea”.
Esto significa que sucesos que para algunas personas son altamente desestabilizantes, para otras personas no solo no lo son, sino que quizás ni siquiera perciben que hay un suceso que los puede afectar.
Parecería en primera instancia que esto no puede ser posible, pero en la vida cotidiana es tal cual lo estoy planteando. 
Ya sean situaciones vinculadas a relaciones amorosas, o laborales, o visiones de presente y futuro, ellas son  diametralmente opuestas en la forma de ser abordadas por los seres humanos.
Esta comprobación no hace más que certificar la singularidad que tenemos hombres y mujeres, como seres únicos e irrepetibles.
Es interesante analizar la conducta y la actitud que tienen ciertas personas que necesitan una cuota elevada de estrés para funcionar adecuadamente en las exigencias que tienen en el día a día.
Mientras tanto otras claman por descender su nivel de estrés para poder tener la mente clara y resolver los desafíos a los que la vida los expone. 
¿A qué se debe esa diferencia? Podrían existir muchas respuestas, pero retornando a la definición, la diferencia radica en la percepción que cada uno tiene de los hechos que los tienen como protagonistas. ¿Hasta dónde permito yo que lo que sucede me golpee y me dañe?
Esta es una pregunta que deberíamos responder tomando un café con nosotros mismos en el jardín de nuestro corazón, mirándonos honestamente en el espejo de nuestra alma.
Yo agregaría otra pregunta complementaria: ¿vale la pena el sufrimiento que me provoca el sentir de esta forma? Y, cuando digo si vale la pena, me refiero al estrés que me produce pensar una y otra vez en situaciones que muchas veces no puedo modificar y sin embargo siento que cada día que transcurre es como un bisturí que deja heridas profundas en mi alma que no puedo cerrar.
Una vez más: ¿vale la pena?¿Qué me aporta generar emociones negativas que nublan mi mente y no me permiten pensar en lo que sí debiera invertir mi energía, que es en vivir el presente y diseñar un futuro que esté en consonancia con mis deseos y necesidades.
A los problemas tenemos que darle su justa medida, y nuestra respuesta tiene que ser proporcionada a la magnitud de los mismos.
Si logras aproximarte a este equilibrio habrás dado un gran paso para detener a este enemigo moderno y además a un asesino sigiloso que permanece al acecho, para ingresar cuando tú bajas los brazos y así lo permites.
¡¡¡Reflexiona, toma un segundo café contigo mismo y ten siempre presente el impacto que el estrés tiene sobre tu bienestar y tu felicidad!!!

                                                                                                                Dr. Walter Dresel