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sábado, 30 de noviembre de 2019

Artículo sobre el estrés


El estrés desencadena emociones, o las emociones ponen en marcha la reacción del estrés?
Esta pregunta tiene ambas respuestas como verdaderas.
La reacción de alarma, la primera que se pone en marcha frente a una emoción que se produce al ser protagonistas de un hecho que nos conmueve, conforma una de las respuestas,
A la vez emociones intensas sobretodo de signo negativo, perpetúan la reacción del estrés, provocando un daño profundo y a la vez irreparable en algunos casos, a las estructuras tanto físicas como emocionales. 
¿Cómo detener a este enemigo moderno que en ciertas circunstancias se convierte en un asesino sigiloso?
Una vez más tomar conciencia de que la vida, tu vida está por encima de cualquier circunstancia por la cual debas atravesar, es una actitud saludable para contrarrestar los efectos dañinos que el estrés sostenido produce en lo más íntimo de hombres y mujeres.
Asimismo trabajar sobre la concepción de que la vida siempre nos brinda una nueva oportunidad, aún en las circunstancias más dolorosas que podamos enfrentar, alivia la pesada carga de un estrés mantenido durante años y que inevitablemente va a tener un impacto perjudicial en nuestra existencia.
No es que neguemos los problemas, los conflictos, los fracasos y las crisis personales por las que atravesamos los seres humanos. Todos estos escenarios existen, son reales, nos afectan y nos obligan a la vez a establecer estrategias para sobrellevarlos de la mejor manera posible. No existen las recetas universales para controlar la reacción del estrés. 
Su mejor definición es “la percepción que tiene el ser humano del mundo que le rodea”.
Esto significa que sucesos que para algunas personas son altamente desestabilizantes, para otras personas no solo no lo son, sino que quizás ni siquiera perciben que hay un suceso que los puede afectar.
Parecería en primera instancia que esto no puede ser posible, pero en la vida cotidiana es tal cual lo estoy planteando. 
Ya sean situaciones vinculadas a relaciones amorosas, o laborales, o visiones de presente y futuro, ellas son  diametralmente opuestas en la forma de ser abordadas por los seres humanos.
Esta comprobación no hace más que certificar la singularidad que tenemos hombres y mujeres, como seres únicos e irrepetibles.
Es interesante analizar la conducta y la actitud que tienen ciertas personas que necesitan una cuota elevada de estrés para funcionar adecuadamente en las exigencias que tienen en el día a día.
Mientras tanto otras claman por descender su nivel de estrés para poder tener la mente clara y resolver los desafíos a los que la vida los expone. 
¿A qué se debe esa diferencia? Podrían existir muchas respuestas, pero retornando a la definición, la diferencia radica en la percepción que cada uno tiene de los hechos que los tienen como protagonistas. ¿Hasta dónde permito yo que lo que sucede me golpee y me dañe?
Esta es una pregunta que deberíamos responder tomando un café con nosotros mismos en el jardín de nuestro corazón, mirándonos honestamente en el espejo de nuestra alma.
Yo agregaría otra pregunta complementaria: ¿vale la pena el sufrimiento que me provoca el sentir de esta forma? Y, cuando digo si vale la pena, me refiero al estrés que me produce pensar una y otra vez en situaciones que muchas veces no puedo modificar y sin embargo siento que cada día que transcurre es como un bisturí que deja heridas profundas en mi alma que no puedo cerrar.
Una vez más: ¿vale la pena?¿Qué me aporta generar emociones negativas que nublan mi mente y no me permiten pensar en lo que sí debiera invertir mi energía, que es en vivir el presente y diseñar un futuro que esté en consonancia con mis deseos y necesidades.
A los problemas tenemos que darle su justa medida, y nuestra respuesta tiene que ser proporcionada a la magnitud de los mismos.
Si logras aproximarte a este equilibrio habrás dado un gran paso para detener a este enemigo moderno y además a un asesino sigiloso que permanece al acecho, para ingresar cuando tú bajas los brazos y así lo permites.
¡¡¡Reflexiona, toma un segundo café contigo mismo y ten siempre presente el impacto que el estrés tiene sobre tu bienestar y tu felicidad!!!

                                                                                                                Dr. Walter Dresel

viernes, 4 de marzo de 2016

Los caminos de la vida


Muchas veces nos preguntamos si elegimos la vida que queremos o la vida nos va llevando por distintos caminos que a veces nos conducen a precipicios  donde solemos caer y donde nos cuesta mucho recuperarnos.

Y el paso del tiempo y el paso de los años me han enseñado que en realidad cuando uno analiza a fondo estas cuestiones, llega a la conclusión de que cada uno elige realmente el camino que quiere recorrer. Y quizás no lo estamos eligiendo conscientemente, porque por alguna razón o tomamos decisiones o no las tomamos y entonces se convierten en omisiones y esas decisiones o esas omisiones van conformando el trayecto y el camino por el cual nosotros transitamos a lo largo de la vida. 

Pero en última instancia, todas las cosas que nos suceden tienen en el fondo una relación de causalidad. O sea, nada sucede porque sí. Y aquí no importa atribuirle el don a una fuerza superior, cada uno verá, cada uno interpretará la vida de un modo diferente y cada uno atribuirá también a distintas circunstancias los hechos que nos tocan vivir. 

Y yo te digo los hechos que nos tocan vivir, porque hay algunas circunstancias, eso sí es cierto, que nosotros no podemos prever y que se interponen en el camino de nuestra vida y que nos hacen zozobrar muchas veces, nos hacen dudar o nos enfrentan a desafíos que nos resulta muy difícil sortearlos. 

Pero hay una pregunta que va a un nivel más profundo del que nos estamos planteando y es que frente a esa tacita de café uno se pregunte si está viviendo o si está sobreviviendo y cuál es el concepto que cada ser humano tiene, que tú tienes, en particular, de lo que es la vida.  

Esto tiene que ver con el contenido de este último trabajo mío, donde aprendí a revalorar el sentido y la magnitud que tiene ese pequeño enorme regalo que significa vivir. Y la pregunta es: ¿estamos aprovechando esa oportunidad que nos está dando la propia historia de nuestra vida o simplemente estamos viviendo biológicamente dejando que la vida nos pase por delante, sin tomar decisiones, sin involucrarnos demasiado, sin avanzar hacia esa meta que todos anhelamos, que es el bienestar. ¿Qué hacemos en pos de ese bienestar? Trabajamos sí, todos trabajamos y quizás trabajamos de más. Quizás trabajamos más horas de las que deberíamos trabajar. Inmediatamente surge la respuesta: pero las obligaciones, las responsabilidades, las cuentas a pagar… Todo eso es cierto, todo eso es el aspecto material de nuestra manera y nuestro modo de estar en este mundo.

Pero… nos estamos perdiendo las cosas más profundas, las cosas más saludables, las cosas más bonitas que puede tener la vida, que es entre otras cosas, el contacto con la naturaleza, el diálogo con los otros integrantes del universo que también forman parte natural de nuestra manera de estar en el mundo.

¿Cómo lograr ese equilibrio entre la necesidad material que tenemos los seres humanos y esa enorme necesidad de comunicación espiritual que vamos teniendo a medida que el mundo se complica, a medida que el mundo se globaliza, a medida que el mundo se torna cada vez más insensible frente a las necesidades de sus habitantes? ¿Cómo compatibilizar ambas cosas? 

¿Cómo hacer para lograr en este mundo y en esta era de la comunicación virtual, de los avances tecnológicos, para recuperar la comunicación de la mirada, para recuperar la comunicación verbal y el lenguaje corporal?

Nos parapetamos detrás del teléfono celular para enviar mensajes o mandamos correos electrónicos, pero nos cuesta cada vez más enfrentarnos cara a cara para decirnos aquellas cosas que sentimos y aquellas cosas que pensamos. 

Entonces vuelvo a la pregunta: ¿estamos viviendo o estamos sobreviviendo? Y cada uno deberá escoger una respuesta y esa respuesta tiene que ser franca, tiene que ser honesta, tiene que reflejar la verdad de cada uno. 

Cada ser humano tiene una visión propia,  personal, de lo que puede ser vivir. Y yo comparto este pensamiento, porque nosotros tenemos la obligación de aceptar lo que el otro piensa aunque no lo estemos compartiendo. Pero… todos tenemos derecho a nuestra verdad, todos tenemos derecho a acuñar nuestro pensamiento. 

Vivir, en la más amplia acepción de la palabra, es extraer de nosotros mismos lo mejor, para ir de a poco, recorriendo caminos que nos permitan acercarnos a lo que son nuestros sueños y a lo que fueron nuestras ilusiones, con paso firme y con esfuerzo. 


martes, 1 de marzo de 2016

El buscador de la verdad


He reflexionado muchas veces acerca de los momentos difíciles que todos atravesamos en la vida y me he dado cuenta de que más allá de la gravedad del hecho en sí mismo, la manera en que nosotros reaccionamos o los patrones de conducta que nosotros tenemos para responder frente a las dificultades, hacen que exista una diferencia abismal entre aquellas personas que tienen un problema que logran enfrentarlo o logran convivir con él en cierta armonía cuando no lo pueden resolver definitivamente y aquellos que se derrumban estrepitosamente frente a conflictos menores que podrían ser rápidamente resueltos.

¿Y por qué la diferencia entre un ser humano y otro? La diferencia está en ese patrón de conducta aprendido, a vivir la vida como una tragedia o a no tener esa capacidad de tolerancia a la frustración frente a los fracasos o frente a las situaciones difíciles a las cuales nos podemos enfrentar. 

¿Qué es la verdad o dónde está la verdad en la vida nuestra, en la vida de los seres humanos? Esa pregunta quizás no es tan difícil de responder como se nos ha hecho creer. La verdad es la realidad. Es lo que a menudo nosotros tratamos de cubrir, pero esa verdad es diferente muchas veces de lo que la mente nos dice que es real. La verdad es la experiencia que un ser humano tiene en la vida no en el pensamiento que la distorsiona. La verdad es la fuerza de la vida por sí misma. Es ahora y lo ve todo como debe ser. O sea, las cosas son como son. Claro que tú puedes elegir ver o no ver, tú puedes elegir pensar o no pensar. Pero lo que nos hace palpitar es la aceptación de la verdad tal cual es. Y la mente no puede abarcar quizás toda la verdad pero la verdad sí lo abarca todo. Entonces cuando reconocemos que nuestra mente, que es nuestra gran aliada para muchísimas cosas, puede mostrarse de alguna manera ineficaz para ver las cosas como son realmente, es el momento de que tenemos que tomar el comando de nuestra vida y preguntarnos si las cosas como nosotros las sentimos son así o realmente es nuestra visión la que le da ese color o que le da esa forma a lo que nosotros estamos visualizando o viviendo.

Y todos somos individuos, hombres y mujeres, que vamos en busca de la verdad y tenemos que adoptar una actitud positiva y prepararnos para descartar todo lo que pensábamos en algún  momento que era verdad y que ahora nos damos cuenta que no lo es. Es como si nosotros dejáramos de lado nuestras creencias tradicionales para ir a la búsqueda de esa verdad a través de un camino que es el autodescubrimiento, a través del camino del diálogo interno, a través del camino del conocimiento interior, de cómo somos, de qué tipo de personas somos, de qué pretendemos en la vida, de qué caminos hemos recorrido y cuáles nos restan todavía por recorrer.

El buscador de la verdad es alguien que desea entender la realidad de cada situación aún si esto implica aceptar que lo que pensábamos antes era un error. Eso es humildad, eso es grandeza. Aceptar que antes me equivoqué pero que ahora estoy dispuesto a enmendar mi interpretación de la realidad de mi vida. Y… empezamos a pensar de un modo diferente y comenzamos a darnos cuenta de que las cosas que nos pasan tienen también una cuota parte de responsabilidad en nuestra manera de actuar desde que abrimos los ojos. 

Y no se necesita mucho esfuerzo para ver cuánto sufren los seres humanos, cuánto sufrimos todos en forma inútil por una cantidad de cosas. Por razones afectivas, por razones económicas, por razones de malas relaciones familiares, por razones de inseguridad. 

La vida está salpicada de hechos buenos y de hechos negativos. De los buenos parecería que no necesitamos ocuparnos demasiado, porque en definitiva son los que nos brindan bienestar, alegría, equilibrio emocional. Pero en los sucesos malos son aquellos que tenemos que detenernos a tomar un café con nosotros mismos y a decir: bueno ¿qué es lo que verdaderamente me está sucediendo? ¿Cuáles son las herramientas y los instrumentos que están a mi disposición para poder resolver esta situación?

Por eso es que no es solamente el pensamiento positivo. No es solamente vivir con optimismo y esperanza. Es asumir las responsabilidades de la vida tal cual ella es y saber enfrentar los eventos negativos con alternativas, con opciones, con planes, para poder darnos cuenta de que tenemos que estar preparados en un mundo que cada vez nos exige más para poder responder a los desafíos de la existencia. Y la experiencia personal es uno de los instrumentos más importantes a la hora de hacer el intento por transformar nuestras vidas. Las únicas verdades que nos ayudarán en este proceso son aquellas que nos han sido reveladas a través de la vivencia propia. Podemos recibir muchos consejos acerca de cómo crecer y desarrollarnos como personas útiles a nosotros mismos, pero las ideas superficiales, que no han tocado las fibras más profundas de nuestro corazón, no pueden crecer como elementos de sabiduría. Es por eso que sostengo una y otra vez que las verdaderas respuestas a los interrogantes fundamentales de nuestra existencia están dentro de nosotros y que, cuando somos capaces de ver la verdad por nosotros mismos, esa experiencia se convierte en una parte inseparable de nuestro proceso de crecimiento.

                                                                         

jueves, 28 de mayo de 2015

El camino que elegimos



Aceptar la realidad es subir el primer escalón de una larga escalera que nos va a conducir a convertir nuestras limitaciones, aquellas cosas que no manejamos con soltura, en quizás nuevos espacios que nos permitan impulsarnos por una senda diferente para poder alcanzar aquello que deseamos para nuestra vida.

Y no se trata de angustiarse, no se trata de generar un estado de ansiedad, porque ni una cosa ni la otra ayudan a que terminemos siendo mejores personas. Sí podemos admitir que no todos partimos desde el mismo lugar y  tenemos que reconocer que el tiempo es lo que más está de nuestro lado. No por apurarse, no por tratar de tomar atajos que otros nos indican se termina llegando antes o se termina siendo mejor.

Lo que sí es importante, es tener una estrategia, un orden, ser perseverante. Y esa perseverancia y esa constancia son los ingredientes fundamentales para que nosotros podamos convencernos de que realmente sí podemos, y que ese “sí, podemos” no es un patrimonio solamente de los demás, sino que nosotros también con nuestras limitaciones, con nuestras dificultades, con nuestra problemática del día a día, también somos capaces de salir adelante.

Deambulamos por la vida con un manual de usuario que escribimos nosotros mismos, que nadie nos ha entregado y que vamos construyendo de acuerdo a nuestros principios, a nuestros valores y a nuestra visión del mundo que nos rodea.

Es muy bueno que tú pienses qué es lo importante para ti hoy en la vida. Y junto con eso analizar la vigencia de los códigos con los cuales tú te has movido hasta el presente. No te estoy induciendo a que cambies la esencia de tu personalidad pero sí te estoy sugiriendo que analices y revises cuál es el modo que tienes de interactuar con las demás personas, porque no siempre siendo conciliador, no siempre siendo considerado con los demás obtenemos resultados positivos para nosotros mismos, y cuando digo resultados positivos me estoy refiriendo a la contención, me estoy refiriendo a ese ida y vuelta que uno espera en las relaciones humanas; cuando da de corazón, cuando da con lo mejor de sí mismo, uno espera recibir, por lo menos, algo que se parezca a lo que uno está entregando. 

Y poner a punto estas armas que son las principales que tú puedes tener y con las que te vas a defender en la lucha por una existencia digna, se van a convertir  en un apoyo muy importante para las propuestas que tú hoy te estás haciendo hacia ese futuro inmediato.

Ahora yo puedo preguntarte si tú crees que en las actuales circunstancias y de acuerdo a lo que has vivido, has logrado llegar al máximo de lo que tú puedes dar o ¿no sientes acaso que  lo mejor que te puede pasar en la vida, todavía no ha llegado?

Si la respuesta es afirmativa, es que tú tienes un potencial extraordinario que todavía, por algún motivo, no has podido desplegar. Y no te tortures tratando de ver cuáles son las causas; quizás no te dejaron y quizás tú aceptaste que no te dejaran. Y tienes tus motivos para eso. Tal vez pensaste durante muchos años de tu vida, que renunciando a una cantidad de cosas que para ti eran importantes, podrías lograr el equilibrio o podrías lograr la satisfacción de quienes te rodeaban, tratando de conseguir esa armonía tras la cual vamos todos los seres humanos, a veces, por caminos terriblemente equivocados.

Entonces, lo que importa hoy es que te des cuenta que tienes un espacio bastante largo para recorrer todavía, que el reconocimiento de tu situación de hoy tiene que ver mucho con el nivel de autoestima, que tiene que ver mucho con la confianza y el respeto que tú tienes por ti mismo.

La hoja de ruta y el plan de acción van a ser las herramientas con las cuales tú vas a intentar lograr tus propósitos. Pero hay un trecho muy largo entre el punto de partida hasta llegar a la meta deseada. Y aquí sí que no hay caminos fáciles, aquí no hay atajos. Hay caminos que tienen sus peajes, que tienen sus eventuales y probables riesgos. Pero. . .  al final de tu esfuerzo, al final de ese trabajo interior tan importante que significa encontrarse con uno mismo, está la recompensa. Esa recompensa que tú has construido cuidadosamente y que va a reflejar, ni más ni menos, cual es el sentido de tu vida. Y. . .  a veces, nos quejamos de que no tenemos tiempo de pensar en estas cosas, que tenemos cosas materiales mucho más urgentes que resolver. Y es cierto, tenemos cosas materiales urgentes que resolver, pero no son más que cosas materiales. Acá estamos hablando de la vida, acá estamos hablando de tu vida, acá estamos hablando de ese camino que no regresa y que no retrocede.

Pero. . . yo te recomiendo que no dejes pasar esta oportunidad, porque siendo consciente de tus limitaciones, ellas no se van a poder interponer en tu voluntad de crecer espiritualmente, y tu actitud es lo más importante. La actitud que tú estás asumiendo al querer cambiar el grado de satisfacción que tienes frente a tu propia vida es el esfuerzo más importante  que puedes haber hecho en los últimos tiempos.

Tú tienes derecho a defender tus sentimientos y tus pensamientos, contra viento y marea. Eso te va a permitir caminar lo que resta de tu vida con la cabeza en alto, con la frente erguida y con principios sólidos que te van a ayudar a encontrar tu camino.

Es ahora tu tiempo, el tiempo de incorporar y aceptar tu visión del mundo y de la existencia. ¡Vive con dignidad, y ningún  obstáculo será insuperable!

miércoles, 27 de mayo de 2015

Descubre tus propios sentimientos


En el tránsito por los caminos de la vida, uno se puede sentir atraído hacia dos direcciones simultáneamente. La meta del equilibrio y del bienestar nos estimula a avanzar, a luchar, a utilizar todos nuestros recursos, pero al mismo tiempo, los mensajes que nosotros nos enviamos a través de ese cúmulo de emociones negativas que surgen espontáneamente en el curso de la vida, esos comportamientos destructivos, frenan nuestro intento. Es como que hay una contradicción constante y permanente entre nuestra intención de llegar al equilibrio y esas emociones negativas que actúan de ese modo tratando de detenernos. Y si tú permites que tus emociones negativas y tus sentimientos que esas emociones negativas generan, continúen conduciendo tu destino, queda muy claro, y tú estarás de acuerdo conmigo, que vas a estar muy lejos de poder alcanzar tus objetivos. Entonces lo que necesitas es despertar. Necesitas abrir los ojos y abrir tu alma para entender en toda su dimensión, qué es lo que te está sucediendo. Despertar a la realidad de lo que te está impidiendo lograr tus objetivos. Y que eso que te está impidiendo, son tus sentimientos. Obstáculos muchas veces insalvables, hasta que nosotros tomamos la decisión de revisarlos en profundidad.

Y a veces, demora mucho tiempo el darse cuenta que el freno, que el techo, que la limitación, nos la estamos poniendo nosotros. Que nosotros en realidad podríamos expandirnos muchísimo más de lo que lo hacemos habitualmente. Y los sentimientos, en la vida del ser humano, funcionan como un verdadero imán que atrae lo que proyectamos en el interior de nuestra persona. Y lo cierto es que los sentimientos rigen en gran medida en nuestra vida. Y de acuerdo con qué tipo de sentimientos sean los que predominen, estaremos más cerca o más lejos del bienestar, de nuestra verdad y de la confianza en nosotros mismos. Y es tal la relación de confianza que nosotros experimentamos con nuestros sentimientos, que nos aferramos a ellos mientras pensamos que son ellos los que están íntimamente unidos a nosotros, y uno puede instrumentar los mejores proyectos para alcanzar el bienestar, pero en determinado momento y sin que nos demos cuenta, los sentimientos toman el mando y nos envían mensajes y señales que nos hacen dudar y perder el control de nuestro destino. Por eso es tan importante mantener un ritmo en tomar un café con uno mismo. Y cuando ese ritmo, por alguna circunstancia se rompe, entra un sentimiento de desazón, yo diría de tristeza también, porque no podemos hacer ese diálogo que tanto bien nos hace, ese diálogo que tanto nos reconforta, ese diálogo que tanto nos abre los ojos hacia la vida y hacia lo que verdaderamente es sentirse bien. 

Lo esencial para que tú puedas acceder a tus metas, es trabajar para aprender a liberarte de los sentimientos negativos, que siempre te van a agregar una cuota de desvalorización importante de tu persona, que ya no viene desde afuera, que ya no es la desvalorización de aquel manipulador que permanentemente intenta devaluarte y destruir tu autoestima. Estos mensajes son propios, estos mensajes son genuinos, estos mensajes provienen del centro mismo de tu persona. Y allí deberás hacer algo así como una limpieza quirúrgica, para eliminar viejas heridas, errores y fracasos de tu pasado que ya inevitablemente están formando parte de esa enciclopedia que es tu historia personal, pero que no tienen en realidad o no deberían tener peso sobre tus decisiones. El tiempo que tienes que manejar es el presente y es el futuro el tiempo en el cual debes soñar. Y si tú quedas atrapado en las experiencias negativas del pasado, estarás amordazando tu voluntad de cambio. 

¿Y por qué nos cuesta tanto ver dónde están nuestras limitaciones? La mayoría de nosotros nos damos cuenta de que hay cosas que no van bien, que nos falta algo estimulante en la vida, pero tenemos serias dificultades para identificar cuál es nuestro problema y en consecuencia qué hacer al respecto. 

La vida, tu vida, la mía, la de todos está llena de desafíos, pero también está llena de dificultades para ser sorteadas por quienes habitamos en este planeta Tierra. Y sufrimos diariamente sin tomar conciencia de que todo lo que necesitamos para eliminar ese dolor, lo tenemos muy cerca. Y ese dolor y ese sufrimiento parten de nuestros corazones y de nuestra manera de enfocar la vida, que produce en cada ser humano una profunda confusión. Si uno posterga indefinidamente la tarea de ver dónde se están generando los problemas o dónde se están generando los sentimientos negativos, o qué son en realidad, lo que logramos, lo único que podemos lograr es aumentar su fuerza y su capacidad para hacernos daño. Todos anhelamos no tener problemas, sin embargo también es cierto que no hay un solo ser humano que haya podido librarse ni quizás se pueda librar jamás de enfrentarse a las dificultades naturales que la aventura de vivir nos presenta diariamente.  Y ésta es una tarea que nos es encomendada a cada uno en forma personal cuando tomamos la decisión de examinar nuestra autoestima.

Descubrir tus propios sentimientos es una tarea personal, individual e intransferible. Es quitar la maleza del terreno y abonar la tierra para que tú puedas sembrar hoy y puedas también cosechar mañana. Es una tarea que una vez que se inicia lleva su tiempo, porque tendremos que ir derribando barreras que durante muchos años nos impidieron ver la realidad tal cual ella era. 

La vida lleva implícita en su propia definición, la existencia de conflictos y la necesidad de enfrentarlos.|

La vida es una verdadera travesía, una travesía que debería consistir en un ejercicio constante de acercarse a la intimidad de uno mismo para llegar a conocerse en profundidad.


martes, 26 de mayo de 2015

Convivir y compartir... no es entregar y ceder



¿Qué es la dignidad personal? Podríamos acuñar varias definiciones acerca de lo que es la dignidad personal. Pero yo creo que una de la que más se ajusta es la suma de esa confianza en uno mismo y el respeto por los valores, por los principios, por los códigos éticos y morales que cada uno maneja. Pero sucede hoy en día, que la pérdida progresiva de valores que tenemos, sobre todo en el mundo occidental, hace que también paralelamente con eso muchos seres humanos vayan perdiendo su dignidad personal. ¿Y cómo la pierden? La pierden a través de ceder espacios que quizás jamás debieron haber cedido, la pierden a través de aceptar situaciones y conceptos acerca de su persona que jamás debieron haber permitido, la pierden a través de ir generando la destrucción de su propia identidad en la medida que le dan  mayor relevancia a la opinión, al juicio y a la experiencia de los demás en contrapartida con lo que es su propia experiencia de vida. Y lo lamentable y lo duro de esta situación es que no nos vamos dando cuenta, es como que todo esto va sucediendo en forma imperceptible, porque es hoy que dije que sí porque no quiero discutir y porque quiero mantener la armonía, y eso sucede a nivel de la pareja y eso sucede a nivel del matrimonio y mañana vuelvo a decir que sí porque estoy muy cansado o cansada y no quiero discutir, y de esa manera, sin darme cuenta, voy dejando que los demás se vayan apoderando de mi territorio, de mi espacio genuinamente ganado con todo el derecho que tenemos los seres humanos que ocupamos un lugar dentro del Universo.

Pero esto también se da a nivel de las relaciones entre los padres y los hijos, esto también se da a nivel de las relaciones laborales, se da también a nivel de las relaciones interpersonales, y cuando vamos sumando la cantidad de situaciones en donde nosotros nos vemos involucrados, perdiendo progresiva y paulatinamente, pero sin regreso, esa dignidad personal, nos vamos a encontrar un día en que ni siquiera nos vamos a reconocer a nosotros mismos. Ya no vamos a saber por qué hemos hecho esa regresión, por qué hemos permitido que se nos invada de esa manera nuestra vida, por qué hemos perdido el rumbo, por qué hemos perdido el protagonismo de nuestra propia existencia.

Y hay una sola manera de recobrar esa dignidad personal que es a través de la recuperación de la autoestima, es a través de la recuperación de ese respeto por nuestra propia persona que va desde el respeto por nuestra imagen corporal, hasta el respeto por nuestras ideas, hasta el respeto por lo que nosotros pensamos acerca de la vida, de cuál es nuestra misión y cuál es nuestra visión acerca de la existencia humana y del rol que cada uno de nosotros juega dentro de esa vida.

Y… hay personas que han crecido con una muy baja autoestima porque los mensajes recibidos han sido profundamente negativos y nunca, por distintos motivos, se tomaron el tiempo y el trabajo de evaluar si esa imagen personal tan desvalorizada era real o era consecuencia de mensajes negativos recibidos generalmente del ámbito familiar. Y yo creo que hay una responsabilidad que tenemos todos los seres humanos a medida que vamos creciendo y vamos accediendo a la madurez de nuestra vida, de revisar esos conceptos. Algunos tienen la suerte de haber sido estimulados desde muy pequeños y son personas que pueden considerarse exitosas con la vida, partiendo de la base que ser exitoso es el poder vivir de acuerdo a sus propias expectativas, es vivir de acuerdo a sus propios principios.

Pero aquellas personas que por alguna razón no fueron estimuladas adecuadamente, tienen hoy la oportunidad de reevaluarse para ver si realmente esos mensajes eran reales o si formaban parte de ese bagaje de culpas que muchas veces nos van depositando a lo largo de la vida sin que nosotros tengamos nada que ver con los hechos en que nos están involucrando. 

Y es bueno que pienses en este momento cómo está tu dignidad personal. Qué espacios has cedido, porque no es que esté mal ceder espacios cuando uno lo hace en forma pareja con otra persona. Por ejemplo, en los vínculos afectivos, si la cesión de espacios es efectiva y es de ambos lados, me parece correctísimo que uno flexibilice su postura, su posición, su pensamiento, su acción en función de agradar y halagar al otro y tratar de esa manera de tener una convivencia lo más armónica posible. Pero una cosa es esto y otra cosa es que sistemáticamente, por distintos motivos, nosotros vayamos cediendo los espacios para tratar de mantener una armonía que no pasa porque nosotros perdamos nuestra identidad sino que pasa por la comprensión y por la capacidad de escuchar que puede tener la otra persona para poder comprender lo que pensamos y lo que sentimos en el marco de referencia de lo que ha sido nuestra educación y nuestra manera de ver y vivir la vida.

Quizás todo esto que estamos reflexionando hoy, mueva los cimientos más profundos de tu persona y pienses que no es el momento de revisar tu conducta o tu actitud ante la vida. Y yo quiero decirte, que cuanto antes lo hagas, mejor te irá, también tendrás mayores posibilidades de cambiar, de enmendar el camino, de introducir modificaciones que te hagan sentir que la vida tiene un POR QUÉ y un PARA QUÉ y que convivir y compartir es algo muy diferente que entregar y ceder.

Respeto y seguridad en tu actitud frente a la vida te darán la dignidad necesaria para proyectarte hacia el futuro con tus sueños e ilusiones.

¡No decaigas! ¡Tú puedes recuperar tus valores y tu derecho a ser feliz! ¡Ven… aprende a visualizar tu realidad tal cual ella es, y ve tras el cambio definitivo en tu existencia! 


domingo, 19 de abril de 2015

La manipulación: una realidad que crece


La violencia doméstica, la manipulación y las consecuencias que tienen sobre la víctima,son procesos que vienen acrecentándose en el mundo entero. Y más allá de las estadísticas y más allá de los números, lo que cada uno debe pensar es cuáles son las motivaciones que llevan al individuo a convertirse en un ser violento. Cuáles son las razones que conducen a que un individuo desprecie, avasalle, desconozca los derechos del otro, destruya su autoestima y trate de someter de por vida a esa persona a sus designios y a sus mandatos. 

Y uno estaría tentado de decir en primera instancia, bueno, es así o es su personalidad de esa manera pero a mí me parece que esa respuesta es muy escasa de contenido porque nadie es de una determinada manera porque sí, sino que seguramente en la vida de cada uno suceden cosas que van moldeando una determinada personalidad que luego se manifiesta en nuestra interrelación social y en nuestra interrelación personal. Esto quiere decir que nosotros tenemos que ir más a la profundidad y tenemos que ir más a la profundidad de los dos polos y evaluar ese perfil del manipulador, del que todo lo quiere, del que nada respeta, del que todo invade, pero también de la otra parte, de la víctima que posiblemente nunca esbozó ni siquiera un atisbo de defensa o que quizás nunca pudo mantener un diálogo directo para defender sus posturas, sus pensamientos y sus sentimientos.

Entonces, realmente el tema es extremadamente complejo, porque para que exista el manipulador tiene que existir una víctima que lo permita, de lo contrario no podría existir. Cuando esto se da, en definitiva, lo que existe es lo que llamamos una relación no solamente asimétrica sino también una relación humana muy perversa, porque la víctima está aceptando quizás por motivos que son muy entendibles, pero en última instancia está tolerando situaciones intolerables quizás durante décadas hasta que llega un día en que se da cuenta que es, o su vida o la decisión que tiene que tomar para alejarse de su victimario.

Esto es a grandes rasgos el primer análisis que nosotros podemos hacer de estas situaciones de violencia doméstica que comienzan siempre con una violencia de orden psicológico, que comienza con un acoso y una devaluación de la persona en todas sus actitudes y en todos los ámbitos donde interactúa, hasta que finalmente, cuando esa víctima se resuelve a enfrentar a su victimario, llega ese último escalón que es el de la violencia física que puede culminar en la incapacidad o en la muerte de su víctima.

Entre ese final trágico y todo lo anterior hay un largo trecho, donde se inscribe el chantaje emocional, el tratar de inyectarle la culpa a la persona para que se sienta realmente mal. Existe también la presión económica y ese punto clave para mí que es la destrucción progresiva de la poca autoestima que le va quedando a la víctima, en la medida que va recibiendo mensajes de incapacidad, cuando el manipulador le dice permanentemente que sin su presencia, sin su amparo y sin su protección, jamás podrá responder a los desafíos de la vida.

Pero, ¿por qué? Porque el manipulador, cuidadosamente, se encargó durante mucho tiempo de que esa persona no pudiera prepararse para enfrentar la vida. Entonces, cuando la víctima acepta esa situación, está atándose de por vida a una situación de dependencia que ya traspasa los límites de la dependencia emocional para convertirse en una dependencia económica sin la cual esa persona difícilmente podría sobrevivir.

Pero nada dura para toda la vida. Y esa víctima, protesta porque se da cuenta de que no puede seguir viviendo así. Cuando ya está cerca del límite o cuando traspasa el límite, se da cuenta de que le quedan dos opciones bien claras: o realmente se enferma o muere o intenta buscar ayuda para poder salir de esa situación con dignidad y también con un proyecto que le permita sobrevivir. 

Para esto tenemos que sentarnos a tomar un café con nosotros mismos para pensar y pensar significa ir hacia atrás en la historia de nuestra vida para ver qué situaciones pudimos haber experimentado o vivido que justificaran el hecho de soportar ese asedio en forma permanente. Porque uno podría decir: me equivoqué en la elección de la persona o ésta se mostró en un principio como una persona encantadora, seductora y ocultó muy bien estos aspectos profundamente negativos que tenía. Eso es posible. Uno puede de alguna manera, cubrir su verdadera personalidad porque está en aras de una conquista y utiliza todas sus artimañas para tratar de lograrla. Pero la pregunta va más allá y es: ¿por qué lo seguimos soportando y continuamos quizás durante años en una relación que no nos satisfacía y no nos presentaba un escenario de un cambio radical? 

Nuestra historia personal se ha escrito con alegrías, con tristezas, con éxitos y con fracasos. Aceptemos la naturaleza humana. Pero aún sintiendo dolor por lo que nos ha tocado vivir, los proyectos de vida los construimos en el presente, anhelando un futuro decoroso para nuestra existencia. 

¡No permitamos que un pasado difícil le quite luz a nuestras esperanzas, y vayamos al encuentro del bienestar que todos merecemos!

lunes, 13 de abril de 2015

Pautas para tomar buenas decisiones



Decía Albert Einstein que hay tres reglas básicas en la vida: que en el caos está la sencillez, que en el conflicto está la armonía y en el medio de la dificultad está la oportunidad. Y eso es lo que a menudo nos sucede en el curso de la vida cuando nos enfrentamos a situaciones críticas o a períodos difíciles que nos obligan a tomar decisiones.

Hoy reflexionaremos sobre cómo poder brindar herramientas a quienes tienen la responsabilidad de conducir no sólo su vida sino también el rumbo de organizaciones, de empresas, de familias, como para ver a partir de este momento, qué significa tomar una decisión, en un mundo tan cambiante y con escenarios que rotan y que giran en forma tan vertiginosa.

Y una de las explicaciones más válidas que podemos encontrar cuando estudiamos las decisiones equivocadas de nuestro pasado, por las cuales hoy nos reprochamos o hacemos una autocrítica muy severa, es que el error posiblemente estuvo asentado en que no tuvimos la suficiente capacidad para visualizar cuáles podían ser las consecuencias posteriores de esa decisión. Y esto se debe, en la mayoría de los casos, a que no hemos adoptado ningún plan específico para la toma de decisiones. En los distintos ámbitos del quehacer cotidiano, utilizar un sistema, nos acerca a la posibilidad de tomar las decisiones más acertadas en el momento justo. Y vamos a ver qué metodología podríamos utilizar para tomar decisiones en todos los ámbitos de la vida. El primer paso es valorar siempre la intención.

Cuando estudiamos a fondo la anatomía de una decisión, ésta comienza por valorar cuál es nuestra intención cuando reflexionamos que tenemos que tomar una decisión sobre un determinado tema. En esta primera etapa también ya tenemos que meditar acerca de las consecuencias que va a traer aparejada esa decisión que vamos a tomar finalmente. A veces en la vida es muy fácil dar consejos luego de haber sufrido las derivaciones que resultan de nuestra toma de decisiones. Tampoco resulta muy complicado descubrir dónde estuvieron nuestros errores cuando el tiempo ha pasado y podemos analizar y visualizar con absoluta corrección dónde han estado los mismos. Y en general los desaciertos que cometemos los seres humanos se ubican en dos sectores bien definidos y relacionados. Uno es que procedemos precipitadamente y el otro, que es exactamente lo contrario, que actuamos con tal lentitud que dejamos pasar la oportunidad o el tiempo justo para poder actuar con certeza. Y esto es una cosa que hay que tener muy en cuenta, porque tanto el apuro, como el dejar pasar la oportunidad, puede ser la causa de que nuestras decisiones no tengan finalmente el resultado que nosotros esperábamos.

Darnos el tiempo que cada uno necesite para pensar antes de actuar, disminuye la posibilidad de cometer errores porque nos permite reflexionar sobre las distintas posibilidades que se nos presentan y hacer finalmente la elección que podamos considerar más adecuada. Aún así, nunca tenemos en la vida, garantía de que las decisiones que nosotros tomamos sean exactas y estrictamente las correctas  o las que finalmente hubiéramos querido tomar. Pero en el otro extremo, demorar durante demasiado tiempo una decisión, también puede ser profundamente perjudicial. Y esta actitud tiene muchas causas, aunque es común que se deba a un problema de autoestima, que se deba a un problema de falta de confianza en nuestros pensamientos, o a que no nos sentimos lo suficientemente seguros de nosotros mismos. El miedo al cambio, el miedo a lo desconocido, el riesgo que implica aventurarse por nuevos caminos existenciales, pueden retardar decisiones que son la clave de nuestro futuro. 

Lo cierto es que acostumbrarse a tener mala puntería cada vez que tenemos que tomar una decisión, nos provoca una gran desazón, una gran frustración, debilita significativamente nuestra autoestima y nos coloca en inferioridad de condiciones cuando nos tengamos que enfrentar al próximo desafío. Por eso es aconsejable tomar ese café con uno mismo, tomarse el tiempo para acostumbrarse a utilizar el sistema o el método que hayamos elegido y no apartarnos de él creyendo que la rapidez o solamente la intuición podrán ayudarnos a tomar decisiones sobre la situación que nos está importando resolver. 

Valorar e identificar la intención es fundamental porque una vez que sepamos hacia dónde queremos dirigirnos con nuestra decisión, será mucho más sencillo saber cómo hacerlo. No tenemos que embarullarnos tratando de resolver todo junto en la vida sino que tenemos que ir paso a paso, poniendo a la cabeza de la lista, aquellas situaciones conflictivas que nos parecen que son las más importantes, que nos parecen que son las que más urgen.  Y en este punto es necesario hacer una distinción respecto a cuáles son los tipos de intenciones que nosotros estamos manejando. Hay decisiones que tenemos que tomar en un plazo más o menos breve porque tienen que ver con la resolución de problemas que se nos presentan en forma intempestiva y que tenemos que resolver cuanto antes. Pero cuando se trata en cambio de valorar la intención de un proyecto de vida, de una planificación de cara al futuro, un proyecto que se va a extender a lo largo de nuestra existencia, ahí tenemos que tener en cuenta parámetros muy distintos a los que utilizamos para la resolución de esos contratiempos de la vida de todos los días.

No es sencillo tomar decisiones, pero nos vemos obligados cotidianamente a hacerlo.  


Buscando nuestra verdad


Cuando por distintas razones nos encontramos en el límite o cerca del límite, más allá del sufrimiento, de la tensión, de la angustia que nos provoca la situación en la cual estamos involucrados, deberíamos detenernos un instante para preguntarnos qué es lo que tengo que aprender de esta situación. 

Porque cada vez que nos enfrentamos a una situación difícil en la vida, hay una lección que tenemos que aprender de la misma. Es lógico que tú te sientas absolutamente inseguro y con una gran incertidumbre, pero también esa inseguridad y esa incertidumbre te tornan mucho más permeable y dispuesto a aprender. 

Cuando todo va bien no sentimos la necesidad de que la vida nos enseñe algo. Parecería como que todo está resuelto y nunca nos detenemos a pensar que en algún momento ese bienestar que podemos tener puede cambiar de rumbo. Y las cosas habituales que nosotros hacemos o nos suceden, día a día, no suponen ningún reto de aprendizaje. Sin embargo cuando uno se introduce en caminos nuevos y desconocidos tiene que estar con la mente abierta y dispuesto a aprender, porque el hecho de que uno rompa los antiguos patrones de comportamientos y de creencias, favorece la creación y la adopción de otros nuevos. Nosotros dejamos espacios vacíos para llenar con nuevos pensamientos, con nuevas maneras de enfrentar la vida. 

Entonces cuando tú sientas que se empiezan a formar grietas en la estructura de tus hábitos cotidianos, ahí comienza a filtrarse la luz. Y cuando esa forma habitual de la vida pasa por un período corto o largo de crisis, es el momento adecuado para realizar un profundo análisis. Es el momento de ver nuestra forma de entender el mundo,  de entendernos a nosotros mismos y llegar a algunas conclusiones. Porque no se trata solamente de hacer el ejercicio del análisis de la situación, sino que se trata de ver qué es lo que podemos aprender o qué es lo que podemos incorporar de esa situación que es tan nueva, con la cual estamos conviviendo.

Si uno logra experimentar esa introspección, eso quiere decir que el problema intenta trasmitirte algo importante. Es el momento en que tú dices: “bueno, hasta aquí llegué, de esta manera no puedo seguir.” Y generalmente ese mensaje, que nos trasmite el problema, nos está diciendo que debemos abandonar ciertas costumbres,  ciertos hábitos.

Quizás llegaste a una situación en la cual sientas la necesidad de encontrarte contigo mismo, de alejarte de ese límite, de recuperar el control de tu vida, de aprender a tratar de vivir en equilibrio, alejándote de aquellas cosas que tú sabes que te hacen daño y que no tiene sentido que continúes aferrado a ellas y tratando de acercarte a todas aquellas situaciones que te gratifiquen, que te hagan sentir bien y que, de esa manera, justifican el esfuerzo que haces con tus mecanismos de supervivencia.

No es bueno llegar a estar en el límite, pero si tú puedes lograr mantener cierta serenidad y tranquilidad en los momentos difíciles vas a darte cuenta de que estás reconociendo verdaderamente qué es lo que te está sucediendo. Y llega el momento en la vida de todos los seres humanos que tenemos que escucharnos profundamente y preguntarnos: ¿cuáles son en realidad los problemas que afectan mi vida? ¿Cuáles son las crisis que no me permiten vivir de acuerdo a mis propias expectativas? La enorme mayoría de las respuestas a los conflictos y a las crisis que nos afectan en la vida están en nuestro interior.

¿Cuán válidos son tus valores? ¿Los has forjado tú o te fueron impuestos? Y quizás te encuentres en un momento en el que deseas abandonar ciertos valores para poder encontrar tu propia verdad. Y allí tienes que preguntarte si tienes o no problemas con tu integridad. Estas son preguntas extremadamente profundas pero que tú tendrás que afrontar y aceptar por otro lado, la necesidad de definir cuál es el concepto que tienes de la verdad, que puede ser absolutamente diferente del concepto que has sostenido hasta el día de hoy y, ni que decir, totalmente diferente al concepto de la verdad que pueden tener otros seres humanos.

Eso es lo que marca tu singularidad, tu personalidad, tu diferencia con los demás. Y la aceptación de este dilema puede llegar a ser muy inquietante y esto puede llegar a hacer que te sientas algo perdido. Pero justamente, cuando  más cerca del límite estamos es cuando nos encontramos en las mejores condiciones de conocernos con mayor claridad y con mayor objetividad.  En esos momentos quizás puedas vislumbrar una parte de la verdad y esta va a ser de tal importancia que servirá para guiarte el resto de tu vida. 

Ser transparente con uno mismo, sentir qué es lo que verdaderamente transcurre en nuestro interior, es realmente una experiencia única. Tener herramientas  propias, descubrir cuáles son nuestras defensas, descubrir cómo tenemos que manejarnos con el resto de los seres humanos, nos aleja del límite, nos da una fuerza inusitada, nos da también una fe inquebrantable y aprenderemos a ser sinceros con nosotros mismos.

miércoles, 8 de abril de 2015

Adaptándonos a las exigencias del mundo


Todos  los seres humanos interactuamos de acuerdo con  determinadas formas de ver el mundo que nos rodea. Todos tenemos determinados modelos específicos que nos permiten, aun con ciertas dificultades, tratar de entender qué es lo que sucede en nuestro alrededor.  Lo que sí a veces desconocemos es el poder que ejercen sobre nuestra persona esos paradigmas que se van afianzando a lo largo de nuestra vida y que nos hacen reaccionar de determinada forma, no siempre de una manera feliz para nuestros propósitos. 

Esto tiene que ver con esa frase que tantas veces utilizamos: “cada uno es como es.”  Esto significa que cada uno tiene un determinado perfil de personalidad, que cada ser humano tiene un determinado modelo de comportamiento, una forma de ver ese mundo que le rodea y actúa e interactúa a través de esa manera de ver la existencia. Y la manera de interpretar lo que nos suceda cotidianamente va a condicionar nuestra conducta y nuestras actitudes y en última instancia van a influir directamente en esa interacción inevitable que nosotros tenemos por formar parte de un conglomerado social. 

Pero no solamente impactan en esa actitud y en esa interacción, sino que lenta pero progresiva y seguramente, esas actitudes terminan impactando también en nuestra salud. Y cuando nosotros comenzamos a percibir que nuestras experiencias, sobre todo aquellas que vivimos como fracasos o como pérdidas,  se repiten una y otra vez para transformarse en el resultado habitual de cada una de las acciones que llevamos adelante en los distintos órdenes de la vida, o dicho de otro modo, que las metas que nos proponemos no las podemos alcanzar, o que no somos capaces, por distintas circunstancias, de proporcionarnos el bienestar necesario al que aspiramos o merecemos, se impone entonces allí la necesidad de revisar esos paradigmas. 

Tenemos que en un momento detenernos y algo así como “bajarnos del mundo”, dejar de acusar a los demás de nuestros fracasos y revisar por qué esa manera de ver el mundo, por qué esos modelos pueden llegar realmente a perturbar nuestra existencia. 

Y esto sería lógico hacerlo desde el bienestar, lo que significa tratar de evaluar nuestra actitud, nuestra conducta, no en la urgencia o en la emergencia de un fracaso o de una pérdida, sino cuando nosotros percibimos el comienzo de algo que no está yendo bien y que entonces sería necesario corregir o sería conveniente cambiar.  Pero a veces este cambio se torna imperioso cuando sentimos que agotamos todos los caminos analizando nuestra manera de vivir paso a paso. 

No existe hoy en día el medicamento, ni alopático ni homeopático, capaz de cambiar la manera de mirar el mundo. Por eso es que sentirse mejor farmacológicamente,  que es lo que hoy lamentablemente sucede cada vez en una escala mayor, no llega a transformar la esencia misma de lo que nos está pasando, porque esto tiene raíces muy profundas que se remontan  a la historia personal que cada ser humano tiene.  Y lo más importante son los mensajes que recibimos vinculados a nuestra capacidad o no de defendernos en la vida. 

Mientras que hay personas que de niños han recibido mensajes de valor y de capacidad que los hacen, en forma muy temprana,  independientes, otros niños reciben mensajes de: “nunca vas a poder” o de “no serás capaz”, lo que les  genera una profunda inseguridad que luego se traslada a su diario accionar en la vida. Son las personas que deambulan años y años con un déficit de autoestima importantísimo generado en las primeras etapas de su desarrollo y quienes lo emiten no se dan cuenta del daño profundo que están produciendo a quienes reciben  esos mensajes que calan muy hondo en la personalidad en formación de esos niños y adolescentes que luego tienen serias dificultades para su autonomía, para su independencia, para su interrelación social, ya sea en el área de los afectos como en el área laboral. 

Y esa falta de autoestima, que supuestamente quedaría en el área emocional  específicamente, no es así, porque esa dificultad para poder manejarse en la vida, para poder progresar, para poder insertarse adecuadamente en el medio social, termina repercutiendo también sobre la salud física. 

Durante un  período de nuestra vida no estamos capacitados para discernir cuáles modelos de conducta son los adecuados, pero si consideramos una cuestión de responsabilidad individual el evaluar críticamente la validez de todo lo que vamos adquiriendo en nuestro paso por la vida, sobre todo a la luz de lo cambiante y dinámico que significa hoy en día la lucha por una supervivencia digna, nos damos cuenta de que sí tenemos una muy buena cuota parte de responsabilidad en esa evaluación crítica. 

Y lo que tenemos que tener muy claro es que aunque vengamos sintiendo que tenemos que modificar estructuras que creíamos que hasta el día de hoy eran inamovibles - y es bueno aprender de que no hay nada para toda la vida y no hay nada que sea inamovible-  y esas estructuras que nos daban una supuesta seguridad, aunque las cambiemos, eso no significa enfrentarse con nuestro pasado ni dar por tierra con todo lo que recibimos en nuestro desarrollo como personas. Significa adaptarnos a la realidad del mundo de hoy. Modificar pautas de conducta tiene que causarnos la satisfacción de sentir que hemos madurado lo suficiente como para poder enfrentarnos a esos cambios y de esa manera poder adaptarnos mejor a las exigencias de un mundo que no espera, de un mundo que intenta permanentemente enviarnos mensajes para que nosotros podamos actualizarnos adecuadamente.

lunes, 30 de marzo de 2015

Atravesando la frontera entre el pensamiento y la acción


Si a una persona no le va bien en algunos aspectos de su vida ¿por qué le cuesta tanto esfuerzo cambiar su actitud? Parecería una pregunta con respuesta sencilla. Sin embargo ¿cuáles son las resistencias, que pueden ser manifiestas u ocultas, que operan como una fuerza que nos atrae hacia esa inercia más absoluta que nos impiden ampliar nuestro horizonte y que nos hacen perder la motivación? 

No estamos conformes totalmente con nuestra vida pero quizás tampoco lo suficientemente disconformes como para hacer el intento de esbozar un panorama diferente para nuestro futuro. ¿Qué es lo que dice la gente? ¿Qué es lo que uno escucha cotidianamente? “Yo no estoy tan mal, hay otros que están mucho peor que yo.” Eso está identificando a aquellas personas que no hacen el esfuerzo por tratar de cambiar su escenario o cambiar sus condiciones,  con un sentimiento no solamente de conformismo sino también de mediocridad. 

¿Tú te has planteado alguna vez por qué los seres humanos aceptamos vivir una vida que en muchos aspectos no nos satisface ni siquiera en nuestras mínimas aspiraciones? En la mayor parte de los casos sentimos tanto temor a equivocarnos y a fracasar, que vamos perdiendo la motivación para realizar los cambios necesarios para modificar esa situación por la que atravesamos.                                                         

Y otra pregunta que inmediatamente aparece en la pantalla de nuestra mente: ¿cuál es la explicación por la que dejamos lenta y progresivamente de soñar y de tener ilusiones en la vida? Ahora yo te pido que tú te analices y puedas descubrir que es lo que a ti específicamente te detiene en tu deseo de cambio. ¿No será quizás que tienes el temor de no poder cumplir las metas que te propones? Y cuando una persona deja de soñar y de fijarse objetivos, la vida se convierte en una rutina muy difícil de soportar, porque se torna aburrida, carente de estímulos válidos para su crecimiento como persona. Si recorremos ese camino, el de la aceptación de esa frustración, no lograremos jamás alcanzar ni el equilibrio ni la paz interior.                                                                                   

Ahora si lo que tú estás buscando es mejorar tu calidad de vida a través de los cambios que necesitas realizar, tienes que exigir más de ti mismo. Y todo cambio interior comienza cuando modificamos el esquema de lo que entendemos como tolerable. Si hasta el día de hoy tú consideras que determinados aspectos de tu vida son tolerables, difícilmente vas a introducir un cambio. El día que ese “tolerable” se convierte en “intolerable”, allí por lo menos comienzas a pensar en la posibilidad de introducir algún cambio que te sea favorable.  Cualquier cosa que sea inferior a ese esquema de tolerancia, nos va a dar la sensación de que no estamos conformes y esa sensación de disconformidad va a ser la responsable de estimular ese fuego interior que va a generar una fuerza que es inquebrantable, con la que nosotros seremos capaces de lograr muchos de los objetivos que nos hayamos propuesto. 

Nosotros podemos pensar, nosotros podemos tomar decisiones, pero mientras no actuemos nos vamos a quedar siempre en el mismo lugar. La gran mayoría de los seres humanos hoy en el mundo occidental estamos tan ocupados tratando de sobrevivir que nos olvidamos de dedicarle un tiempo a diseñar y a luchar por el estilo de vida que cada uno profundamente anhela y que íntimamente sabemos que nos puede conducir a ese equilibrio interior y a esa armonía que para cada ser humano es diferente. 

Quizás los caminos son diferentes para todos, pero todos buscamos un destino común que es ese destino de armonía, de equilibrio, de poder encontrarnos, primero que nada en paz con nosotros mismos. Si tú tomaras conciencia de que cada minuto que vives es una oportunidad de encauzar tu vida y la orientaras en el sentido de un verdadero conocimiento interior que te permitiera visualizar nuevos espacios, te sería más sencillo derribar esas barreras que hoy te parecen que son escollos insalvables.

Tú sabes que todos los seres humanos tenemos tres tiempos: pasado, presente y futuro. Y el significado de encarar una transformación en nuestra vida con un pensamiento nuevo, trae consigo que tenemos que tener presente que lo vivido en el pasado, no tiene que representar necesariamente nuestro futuro. Tú puedes haber fracasado en varias áreas de tu vida. El análisis de nuestro pasado tiene valor, en la medida que nosotros nos posicionamos en el momento en que tomamos la decisión, no ahora que ha transcurrido un tiempo. Lo importante es que llegues a la conclusión de que el pasado no tiene por qué repetirse y que ese pasado representa sí una parte importante de tu vida y que quizás marca algunas aristas de tu personalidad, pero que puede ser observado a la distancia como un período de tu vida que ya fue vivido y que no va a tener cambio. Y si tú logras incorporar esta manera de pensar, dejarás de concentrarte en los episodios negativos del pasado para aplicar toda tu energía en modelar ese futuro que te espera por delante. 

Para ir venciendo de a poco las resistencias naturales que todos tenemos para el cambio, tenemos que manejar dos características fundamentales: una es la flexibilidad y la otra es la perseverancia. Ser flexible es poder aprender de nuestras experiencias sin que nos generen una angustia que nos paralice e ir diseñando estrategias para poder vivir mejor y aplicando esos conocimientos de cara al futuro y ser perseverantes es continuar realizando el esfuerzo sin renunciamientos hasta poder alcanzar las metas que nos hemos propuesto.  

lunes, 24 de noviembre de 2014

Se aproxima un nuevo año



Estamos llegando al comienzo de un Nuevo Año y esto nos lleva a reflexionar en distintos aspectos de nuestra vida. El ser humano es un todo que abarca su parte física y su parte emocional. Miremos cada una de ellas para tratar de comenzar el año en las mejores condiciones y con los mejores proyectos.

Todo evento en general gira alrededor de una mesa y nos olvidamos que el elemento fundamental es la reunión humana, es la reunión familiar, es el encuentro del uno con el otro, pero no debe ser la comida el eje central porque aparte de comer en exceso e indebidamente, tenemos todavía la costumbre  de comer, en estas épocas, con las altísimas temperaturas que estamos sufriendo, productos que se consumen en los países donde ahora hay temperaturas bajo cero, como ser: frutos secos, pan dulce, budín inglés, cordero, carne de cerdo y abundante bebidas alcohólicas. Hay una verdadera contradicción entre la alimentación y la razón.  Si tenemos temperaturas que rozan los cuarenta grados, lo que debemos consumir son frutas, verduras, vegetales, carne asada, pollo asado, pescado, culminando con una ensalada de frutas o elementos naturales que nos permitan no solamente alimentarnos sino también hidratarnos adecuadamente. 

Disfruten de las Fiestas Tradicionales, disfruten de la reunión con sus familias, con sus amigos, pero sean prudentes. La moderación tiene que ser el eje central y entre ellos el cuidado tanto sea de los alimentos como de la bebida. 

Uno puede participar y divertirse sin necesidad de ingerir enormes cantidades de alcohol y por supuesto que quien toma alcohol no debe manejar un vehículo. La pérdida del control de los reflejos es enorme y por lo tanto la posibilidad de generar un accidente propio y una tragedia para otras personas que nada tienen que ver con eso es algo que ocurre con mucha frecuencia.
Y ese disfrutar de las fiestas tradicionales también  nos debe llevar a mirar con más profundidad nuestra vida.  Cada vez que se inicia un año empezamos con un nuevo impulso, tenemos un proyecto en mente. Pero no alcanza con tener el proyecto, hay que crear un plan de acción.

Esa historia personal que todos tenemos, tiene que servir para que se reflejen allí los cambios que tenemos que instaurar para dedicar un mayor tiempo a encontrar por qué estoy desconforme con la existencia que llevo. ¿Qué es lo que no me sale bien? ¿Por qué en reiteradas oportunidades llego siempre al mismo final de fracaso, de frustración, de sentimiento de pérdida? La primera afirmación que tú tienes que grabártela es la siguiente: NO A LOS CONFORMISMOS. O sea, tú no puedes conformarte en cómo estás. Porque conformarse con lo que hay,  en realidad ni siquiera es que te estás quedando en el mismo lugar, en realidad estás retrocediendo.

Significa que te estás perdiendo la oportunidad de apreciar otras maneras de vivir, otros escenarios, otras formas, y otros modos de vida a los cuales tienes derecho, pero a los que tu apatía, tus miedos, tu inseguridad, tu autoestima que ha ido siendo destruida, hace que no te permitan acceder.

Por lo tanto, si tú quieres mejorar tu estilo de vida, si pretendes ser eficaz en aquello que piensas y que haces, la clave es que te exijas un poco más de lo que lo estás haciendo hasta el momento. Y esa exigencia no va por la cantidad de horas que trabajas, por la eficiencia o por la eficacia en tu rendimiento laboral, en el esfuerzo que tú pones, sino en tratar de pensar qué es lo mejor para ti. Y, cuando te estoy diciendo que te exijas más es nuevamente un  viaje hacia la revisión de nuestra historia personal, preguntándote cuánto tiempo le dedicabas al diálogo contigo mismo en el pasado. Y cuando digo en el pasado, te estoy diciendo el mes pasado, hace seis meses o hace un año, ¿qué espacio había en tu agenda para encontrarte con tu propia persona? ¿Qué espacio había para preguntarte el grado de satisfacción o insatisfacción con la vida? 

Lo fundamental es fijarse un objetivo inmediato, tratar de descubrir qué es lo que realmente queremos y de aquí en adelante comenzar a actuar para poder obtener aquello que deseamos. 

Un nuevo proyecto es como un nuevo amanecer. Despiertan allí tus mejores intenciones. Se estimulan tus cinco sentidos en la búsqueda afanosa de lograr tus objetivos. ¡No postergues más tus sueños! ¡Nada ni nadie podrá detenerte!