martes, 2 de noviembre de 2021

Entrevista de Portada - Regional Este - al Dr. Walter Dresel

 


Walter Dresel y su nuevo libro sobre la pandemia, asegura que la

humanidad fue puesta de rodillas


Bajo el título “El amanecer de un mundo diferente: Los desafíos de una nueva normalidad.”, el escritor, pero médico de profesión, aporta una mirada diferente ante el retiro de un virus que dejó al mundo indefenso. Introduce al lector en el mundo de respuestas y desafíos para los tiempos que vendrán. Es uno de los escritores de habla hispana más reconocidos. Su Best Seller “El lado profundo de la vida”, fue su lanzamiento a los primeros lugares de venta y reconocimiento. 


Por Adriana Expósito.

¿Qué le motivó para escribir sobre este tema?

Desde al año 2002 en que comencé a escribir, con el libro “El lado profundo de la vida: como enfrentar y superar las crisis personales”, he intentado siempre observar cuáles son las conductas y actitudes que tenemos los seres humanos y cuáles las reacciones frente a los diversos sucesos que nos tienen como protagonistas.

En este caso, como yo soy un usuario de la vida al igual que todos, el tema de la pandemia, obviamente me golpeó con bastante dureza, ya que biológicamente el tiempo ha pasado, por lo tanto, tengo también algunas nanas usuales de los adultos mayores, lo que me tornaba más vulnerable.

Pero en ese tiempo de encierro bajo la libertad responsable, como el gobierno nos pidió, en primera instancia, allí por marzo de 2020, fui observando – porque también fue un fenómeno que viví yo- el tema de la soledad en tiempos de pandemia.

En el sentido, hay dos tipos de soledades normalmente. Una es la soledad elegida, que es aquella persona que resuelve por algún motivo vivir sola y la otra, la soledad impuesta, que es cuando la persona tiene una pérdida, sea un fallecimiento, una ruptura afectiva.

Hay una soledad que la persona no buscó y que generalmente sufre por esa soledad. Pero aquí, en esta pandemia apareció otra soledad, que es la soledad del alma, en la que nos empezamos a preguntar ¿Qué va a pasar si me contagio? ¿Sobreviviré? ¿Cómo la enfermedad va a afectarme?

Veíamos como cientos de personas pasaban a los centros de tratamiento intensivo y se plantea – tal vez por primera vez para muchas personas- la importancia y la jerarquía de la vida y la salud.

Porque siempre creemos que todo es gratuito. Nos levantamos, nos damos un baño, nos vestimos, elegimos la ropa, salimos a hacer nuestra actividad y nos olvidamos de agradecer cada día que estamos vivos. A medida que fue pasando el tiempo y la situación fue mejorando, entrando en este amanecer de un mundo diferente, me fui dando cuenta de que hay 239 millones de personas contagiadas en el mundo y siguen habiendo día a día, con casi 5 millones de personas fallecidas, ¿Cómo podemos pensar en retornar a la vieja normalidad, exactamente igual a la que conocíamos antes de la pandemia? ¡De ninguna manera!

Tenemos que cambiar los paradigmas, los pensamientos y tomar una actitud diferente para la vida, porque todo esto de alguna forma es una enseñanza que nos tendría que haber dejado esta pandemia.

¿Cuáles son las enseñanzas o valores que deberíamos rescatar de la pandemia?

Enseñanzas en muchos sentidos, como la humildad, la solidaridad. Fíjate que un virus ultramicroscópico puso a la humanidad de rodillas.

Estábamos absolutamente indefensos, no sabíamos ni como era el virus, ni como nos atacaba, o cómo se moría la gente.

Hubo que esperar muchos fallecimientos para que los médicos y científicos pudieran entender, por ejemplo, como afectaba el sistema respiratorio, el tema de las trombosis, como iba actuando el virus y cómo aquellas personas que tenían alguna minusvalía de alguna patología, eran mucho más vulnerables que las totalmente sanas.


Pero con el paso del tiempo, también asistimos a personas fallecidas que no tenían ninguna patología. Este virus jugó con nosotros, a voluntad, hizo lo que quiso.

Entonces, cuál es el apuro o la necesidad de llenar un estadio con 60 mil personas, o ir a un espectáculo musical donde uno está apretado al lado del otro. Yo entiendo que todos queremos nuevamente disfrutar de la libertad. A mí personalmente el tapabocas me molesta significativamente.

Pero sin embargo me doy cuenta de que es una de las pocas defensas que podemos tener frente a lo que puede ser una enfermedad.

Obviamente si uno ve cual es la incomodidad del barbijo o de la incomodidad de un respirador en un CTI, por favor, no hay modo de comparación entre una cosa y otra.

Algunos países con altos índices de vacunación están dejando el uso del tapabocas. ¿Qué opina de esto?

Sí, hay varios países que están sacando los tapabocas, por tener un alto nivel de vacunación, aunque estar vacunado no da el 100 % de garantía de no contraer el virus ni de caer en CTI, o incluso el fallecimiento por la enfermedad.

¿Cómo puede ser esto? Todas las vacunas fueron investigadas sobre la marcha. Salieron al mercado bajo la emergencia, por lo tanto, si bien es cierto que las vacunas son las responsables del descenso significativo, hay una baja circulación comunitaria pero el virus sigue existiendo.

Países como Israel, que fue el primero en llegar a esa inmunidad de rebaño, hoy en día están nuevamente con una cuarta ola, con miles de casos diarios.

Entonces uno tiene que mirar a los otros países que pasaron primero por estas situaciones y tomar los recaudos necesarios. Por eso el subtitulo del libro es “Los desafíos de la nueva normalidad” es decir, habrá personas más cuidadosas y otras menos cuidadosas, pero el virus no se despide. No se va.

Yo creo que la conducta respecto del virus, nosotros como seres humanos tenemos que aprender de las cosas que vivimos a diario y lo que yo personalmente aprendí es en primer lugar que soy un ser absolutamente vulnerable y en segundo lugar que todos somos susceptibles de poder contraer la enfermedad y además esta pandemia homologó a todos los seres humanos. Porque en el CTI nadie le preguntó al enfermo si era un empresario, empleado, profesional, estaba todos iguales, sin ropa, con el respirador tratando de luchar por la vida.

¿Cómo puede un país lograr equilibrio entre cuidarnos y no destruir su economía, con las consecuencias que esto trae?

Creo que la escala de valores que manejamos tiene que cambiar. Si bien es cierto que lo material es importante y a todos nos gusta disfrutar de la vida, si uno pudiera vivir en Punta del Este todo el año sería fantástico. Pero en definitiva, lo que uno tiene que darse cuenta es que nadie se lleva nada, que uno tiene que pelear por su bienestar, pero que el bienestar no pasa exclusivamente por lo material, porque hemos visto que personas muy poderosas en el termino de 15 o 20 días se fueron y por otro lado hasta por una cuestión de respeto, cómo podemos pensar en volver a la normalidad como si nada hubiera pasado, cuando hay personas en el mundo, familias que están cursando un duelo por las pérdidas que tuvieron. Específicamente en el Uruguay tenemos seis mil quinientas familias que han perdido a sus seres queridos.

Seis mil quinientas personas que no tenían por qué morir, porque fíjate que en un principio cuando el informativo daba los fallecimientos decían “todas personas con patologías preexistentes.”

Pero yo como médico te puedo decir que esas personas convivían con sus patologías y lo que los mató fue el virus. No murieron por una diabetes o un problema cardíaco. En un principio se creyó que únicamente podrían morir aquellas personas que ya tenían alguna patología y que el virus la agravara. Pero en realidad no fue así.

Por eso, creo que estamos asistiendo al amanecer de un nuevo mundo, diferente, porque inclusive uno ve que los representantes del gobierno son muy cuidadosos cada vez que lideran una actividad.

Aunque hay presiones de todo tipo y es lógico. Hay sectores como el turismo, la gastronomía, los eventos, que evidentemente han sido golpeados duramente y toda esa gente presiona para volver a la normalidad.

Se acerca la final de la Copa Libertadores y de la Sudamericana. Toda la hotelería de Montevideo, Maldonado y Canelones está ocupada. Se calculan unas 30 mil personas que vendrán de Brasil y yo me pregunto ¿Habrá capacidad para controlar a toda esa gente? ¿No será esto una nueva fuente de contagio? Porque todos los que lleguen van a vivir en hoteles, saldrán a un restaurante, un bar o un shopping.


Durante la pandemia, curiosamente, hemos visto revertirse muchos los estragos que los seres humanos hicimos al planeta. ¿Cuando hablamos de volver a la normalidad, implica también ir para atrás respecto a esto? ¿Volver a cometer los mismos errores, seguir contaminando y destruyendo?

Yo creo que todas estas cosas que pasan, de la misma manera que los movimientos de la tierra, las tormentas que nos están afectando últimamente, son respuestas de la naturaleza frente a esa destrucción del ser humano. No me cabe la menor duda de esto.

Acá en Uruguay mismo, yo no recuerdo de chico esos ciclones que a menudo hoy tenemos, donde hay un viento con una furia que realmente era desconocido antes. Yo creo que son todas respuestas de la naturaleza frente al daño que día a día le estamos haciendo, pero sobre todas las cosas, no nos damos cuenta de que ni la ciencia ni la medicina, en este caso, tienen la respuesta para el 100 % de los problemas que suceden.

Una situación como la de Italia donde la gente se moría en la puerta de los hospitales sin siquiera llegar a ser atendidos porque se desbordaron. Aquí tuvimos 550 personas en CTI con COVID, que para la dimensión de nuestro país es muchísimo.

Lamentablemente en un momento en que estuvimos en primer lugar en la lista de contagios y de muertes del mundo, en relación a la cantidad de habitantes.

No hay que ser científico ni medico, sólo tener un poco de sentido común y darse cuenta de que – ante todo – tenemos que preservar la vida.

Porque sin vida y sin salud no hay ningún proyecto personal que tenga sentido. Porque en la cama de un CTI nadie puede hacer nada con su vida.

¿Cómo ve el manejo de la información de COVID en el mundo? ¿No cree que algunos medios han manejado esta información sembrando miedo y pánico?

Yo creo que con todo el manejo de la información hay sectores sensacionalistas. Quizás esas personas o esos medios entendieron que a través del miedo las personas podrían cuidarse y en realidad en parte es así.

Mucha gente se cuidó por el temor a contagiarse. La idea a pesar de todo, no está mal.

El GACH informaba periódicamente y asesoraba al gobierno, porque las medidas eran tomadas por el sector político y no por el científico, que asesoraba y orientaba. La prensa obviamente tomó esa información y la comunicaban. Algunos de ellos sí, a través del miedo (sobre todo cuando daban las cifras), pero lo que sucede es que nadie creyó que fuera tan grave hasta que perdía a un amigo o familiar directo.

Fue allí cuando la gente empezó a tomar conciencia de que el tema era serio. Porque siempre pensamos que las enfermedades van a caer en la vereda de enfrente.

El miedo y el pánico generan enfermedades de por sí, primeramente el estrés crónico. Si yo vivo asustado el día entero, evidentemente mi organismo reacciona como si tuviera un dinosaurio enfrente. O mato, o huyo, me escapo. Entonces uno no puede vivir permanentemente así, porque eso genera una desarmonía interior muy importante, que comienza por las emociones y termina proyectándose en el cuerpo físico. Ahí aparecen la enorme cantidad de enfermedades psicosomáticas que hoy en día llenan los consultorios médicos y psicológicos.

¿Cómo puede una persona que esta enfrentando una crisis laboral o que la pandemia le quebró, volver a reinventar su sistema de vida?

Nosotros vivimos mal, corriendo detrás de algo que ni siquiera sabemos realmente  que es. Pero esto nos dió tiempo para reflexionar, porque en todo el tiempo donde mantuvimos el encierro, o con mínimas salidas, deberíamos haberlo utilizado para reflexionar y para re posicionarnos en los desafíos de esta nueva normalidad.


Porque hay varios grupos de personas. Algunos continuaron trabajando, otros que pasaron al teletrabajo, pero hay personas que perdieron su trabajo definitivamente,

Y yo me pregunto las personas que se han acogido a los beneficios del seguro de paro, que algunos se han prorrogado hasta marzo 2022, qué va a pasar con ellos cuando el seguro finalice. Si las empresas han cerrado o los han despedido, han utilizado este tiempo para reflexionar como reinventarse. Porque eso es lo importante.

Afirmo, porque es mi experiencia, que cada ser humano puede hacer más de una cosa a la vez. Yo elegí la medicina como eje central de mi vida a los 18 años, al ingresar a la facultad, pero las vueltas de la vida hicieron que cuando tenía 55 escribí el primer libro, que creí iba a ser el único. Pero se me abrió un mundo absolutamente diferente, donde hoy, este último libro es el número 20 publicado.

La escritura me permitió conocer las realidades de toda América Latina y España, de dialogar con periodistas y diversas personas y comprobar que independientemente de la sociedad en que nos encontremos, (Perú, México, o España) todos tenemos a nivel intimo y personal los mismos problemas en cualquier parte del mundo.

Me apareció una especie de segunda profesión, que luego se convirtió en la primera al retirarme de la medicina, ya hace unos años que estoy solamente escribiendo.

Por eso, esto es un mensaje para aquellas personas que, por ejemplo, han perdido su trabajo y que están en la edad media de la vida y se preguntan cómo seguir. Ahí lo que hay que hacer es acudir a nuestra mente, al potencial que todo ser humano tiene y preguntarse ¿En qué soy bueno o para que soy bueno? ¿En qué cosas puedo destacarme?

Debemos asumir que la vida va a seguir su curso de un modo diferente. Entonces aquellas personas que están en esa situación crítica, sin su sustento, sin su ingreso económico. ¿Cómo hacen para continuar? Bueno, por las condiciones del mundo occidental con 45, 50 o más años es muy difícil pensar en una relación de dependencia laboral, así que hay que ingeniarse para hacer algo por cuenta propia, apelando a ese potencial que todo ser humano tiene.

No hay tiempo para lamentarse. Nadie quiso esta pandemia, nadie la busco, la recibimos como un regalo de esos que uno no quiere recibir, pero fue una realidad y sobre el avance de esa realidad es que tenemos que aceptar los desafíos de esta nueva normalidad.

Por otro lado, con pandemia o sin ella siempre es inteligente no poner todos los huevos en la misma canasta y siempre tener una alternativa que pueda funcionar en el caso de un imprevisto.

¿Cómo visualiza este nuevo mundo? ¿Cuál sería el mensaje que quiere que quede en cada lector?

Nadie nos garantiza que dentro de un año o dos, no haya otro virus o bacteria que llegue de regalo. La pregunta es ¿Estamos preparados para eso?

Tenemos que darnos cuenta entonces de que debemos invertir en ciencia e investigación. Tratar de adelantarnos a los hechos. Por eso, el concepto de la anticipación en la vida es muy importante. Tratar de ver que es lo que puede llegar a suceder.

Mucho se habló de que el presidente Bush dijo hace años que iba a haber una pandemia. Algún dato debía tener para afirmar una cosa así, alguien que era político y no científico ni médico.

Hay muchas cosas que no manejamos. También se generó una polémica sobre la causa de la pandemia, si era el animalito de China o un virus generado en laboratorio que luego se expandió en el mundo.

No somos nosotros quienes vamos a determinar eso. Le tocará a los políticos, los historiadores, la gente de investigación definir esa situación.

Nosotros lo que vivimos es la consecuencia del problema, así que lo que tenemos que hacer es ver cuál es el camino de la reconversión.

Yo continúo escribiendo y el no salir me facilitó enormemente, pues pasaba horas escribiendo. Tomo esto como una herramienta que brindo al lector, para que junto a otras herramientas, recupere la alegría de vivir, porque todos estamos un poco grises.

Así que el mensaje es que hay que seguir cuidándose, ir abriendo de a poco las puertas. Porque el virus puede volver a atacar, quizás con menos fuerza, quizás no con cifras tan impresionantes como antes, pero debemos estar alertas.

Recordar que la vida no es gratuita, tenemos que cuidarla y mimarla porque es un regalo que hemos recibido y tenemos que administrar el mayor tiempo posible.

Todos queremos vivir y hacerlo en buenas condiciones.


¿Cuáles serían sus deseos para esta nueva normalidad?

En primer lugar el agradecimiento por no haber enfermado y por ese regalo tan importante que es la vida. Que todos hayamos aprendido a cuidarla y darnos cuenta de la vulnerabilidad que tenemos los seres humanos y de que la ciencia no tiene todas las respuestas frente a lo que pasó y lo que podría pasar en el futuro.

Eso hace que tengamos que ser solidarios, humildes y extender nuestra mano para quien lo necesita. Para ayudarlo a recorrer el camino y que pueda volver a creer en la vida. No podemos soltarle la mano.

Debemos estar alertas y brindar nuestro esfuerzo y capacidad para que esas personas que han sufrido pérdidas, puedan recuperar esa alegría de vivir y volver creer que la vida es posible, volviendo a sonreír.